viernes, septiembre 09, 2005


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EL SIERVO DE DIOS

Un tema redundante, difícil de enfrentar y complicado de encontrarle solución. Cada grupo de personas que profesa una religión de las muchas que existen sobre este planeta, piensa que su fe es la verdadera. Y aunque existen las excepciones -contadas, pero existen- en las que la madurez y la instrucción han provocado cambios en algunas de ellas, permitiéndoles abrir su mente y aceptar o, al menos, tolerar a otros grupos religiosos, el fanatismo en esta área de la vida humana todavía provoca muerte y odio.

En el nombre de Dios se han cometido -y se seguirán cometiendo- privaciones, exilios, perjurios, asesinatos y, por supuesto, genocidios. La palabra de Dios ha sido utilizada como justificación de crímenes espantosos, en los que se ha soltado la rienda a oscuros instintos.

Cansador y aburrido sería enumerar cada caso de estos en la historia de la humanidad. Tal vez cada uno de nosotros conozca alguno de ellos en el que ha estado involucrado alguien cercano; ya sea en el rol de víctima o victimario. Todavía recuerdo que no hace muchos años, los irlandeses católicos y protestantes se mataban entre sí por sus diferencias; que la guerra de Bosnia Herzegovina dejó miles de muertos serbios ortodoxos y musulmanes; y qué decir de las pérdidas de vidas provocadas por el odio entre judíos y musulmanes.

Se mata en el nombre de dios, sea éste el que sea. El Trinitario, el Único, el Absoluto. Se mangonea su nombre, se utiliza, se ensucia. Me pregunto lo que pensarán esos dioses -con los nombres por los que son llamados- acerca de cómo se les lleva y se les trae...

Y mientras más culto e instruido sea un pueblo, menos proclive será a dejarse liderar por fanáticos religiosos... ¿o no? Sin embargo, en el caso de Estados Unidos, sus ciudadanos llevaron al poder a uno de estos, un ser peligroso que pretende proyectar una imagen de hombre honesto y temeroso de Dios, pero que a la hora de la verdad guarda su pretendido cristianismo debajo de la tierra, olvidando totalmente los principios de la religión que ostenta, violando todos los códigos de decencia, moralidad, humanismo y servicio al prójimo. El mismo prójimo que votó por él al creerlo un ser iluminado que los guiaría por la vida hasta la parcela celestial y que hoy decepciona tanto sus mentes como sus corazones.

Ha demostrado un total desprecio por sus conciudadanos, al mantener su pausado y ya conocido ritmo de descanso y prolongar por cuatro días sus vacaciones -¡cuatro!- a pesar de que los destrozos y drama que dejó Katrina a su paso eran conocidos hasta en los rincones más escondidos de este mundo. Y por si eso fuera poco, mientras visitaba la base naval de Coronado en San Diego, públicamente tomó una guitarra y la tocó a los ojos y oídos de horrorizados norteamericanos que esperaban de él una respuesta rápida, casi como un reflejo, que demostrara solidaridad y apoyo; no esperaban a un juglar que cantara las desgracias ajenas o a un pusilánime que no sabe qué hacer en casos extremos. ¡Por favor!

Desde este rincón del mundo, en donde todavía las religiones tienen una cuota de poder compartida con la corrupta política, hemos visto con tristeza cómo los miles de habitantes de New Orleans han tenido que aguardar a que su todopoderoso gobierno se mueva para salvar sus ya precarias vidas, amenazadas por la naturaleza desatada y por el pánico de sentirse solos sobre la Tierra, sin asidero posible para enfrentar esta desgracia. Acá, en este pequeño país, sabemos lo que es sentirse pequeños, ínfimos, desprotegidos y endebles cuando nuestras vidas se han visto afectadas por fuerzas naturales desencadenadas y violentas, que en un segundo han transformado nuestras rutinas y nos han dejado, literalmente, mirando el cielo estrellado. Sin embargo, la reacción al resultado de cada catástrofe no se ha hecho esperar, tanto de propios como de extraños. El torrente de ayuda de todo tipo se recibido con la humildad que el caso ha determinado, la hemos aceptado y hemos salido avantes gracias a ella. A través del tiempo, la misma naturaleza nos ha dotado de conocimientos y temple para enfrentar sus embates, para acudir al llamado de los más afectados, de los desfavorecidos. Tal vez sea que esos mismos golpes nos han hecho madurar en este aspecto.

Nuestros ojos y sentidos han "visto" cosas inauditas que jamás pensamos ver. Las fuerzas de la tierra, del océano, del aire han golpeado fuertemente a nuestros congéneres en todo el globo y el resultado en muchos casos ha sido desgarrador. La tecnología nos ha permitido compartir cada momento de dolor en sitios antes desconocidos e inaccesibles. Pero nunca tanto ha afectado como la frialdad proveniente del egoísmo humano. Nunca habíamos visto a un líder norteamericano que haya manoseado la relación de las personas con Dios para disfrazar su irresponsabilidad y su desapego. Y el caso de New Orleans con el señor Bush, siervo de Dios, es el más evidente.

viernes, septiembre 02, 2005


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UN ALTO EN EL CAMINO

Un momentito cósmico, un parpadeo, un suspiro. Tal como la chispa que salta de la fogata brillando antes de caer a la tierra y apagarse, así fue mi tiempo compartido con Carlos McGough. Nos unió nuestro amor por Uruguay, sin haber nacido en él, nuestra debilidad por sus tradiciones, su cultura y su gente. Fue en Rodelú nuestro encuentro y fue la base de una amistad diferente. La primera vez que lo leí fue suficiente para sentirme impresionada por su talento; posteriormente me sentí cómoda con su afecto, guiada por su consejo sabio, protegida por su atención a mis vivencias. Fue así como aprendí a respetarlo, a admirarlo y a quererlo.

Se adelantó. Y no sólo eso. Avisó que lo haría.

Ahora, disfrutando de la paz que ha dejado para siempre su presencia en nuestras vidas, sonrío al recordarlo reír con su sonora carcajada y sigue invadiéndome el alma el dulzor de su voz al despedirse antes de terminar cualquiera de nuestras conversaciones telefónicas. Nunca nos vimos, queda pendiente para la próxima. Pero su presencia virtual fue suficiente.

Hasta la vista, querido amigo.

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EL CORAZÓN COLECTIVO

Hace algunos años, muchos diría, tuve el primer contacto con el folklore latinoamericano. No sabía nada del tema, no me había interesado jamás y, es más, me parecía desagradable, chocante y de mal gusto cualquier cosa que tuviera que ver con los nativos tanto de mi país como del resto de América Latina. Todo en mi adolescencia había sido rock, los Beatles eran mis héroes (de qué o porqué, me pregunto ahora) y no éramos -mis contemporáneos citadinos y yo- más que el resultado de la invasión visual que inició con el cine y se profundizó con la televisión, alentada por la radio y las revistas que llegaban directamente del norte cercano o un poquito más arriba en el mapa. Padres, abuelos, amigos y maestros fomentaban esta manera de pensar y sentir, haciéndonos vivir en un mundo extraño e irreal. Extraño y foráneo, claro; irreal, porque no era el nuestro. Ese mundo propio, interior, que estaba un poco más afuera de nuestra área cercana de acción, que existía y latía fuerte sin esperar a que nadie lo aceptara o reconociera, viviendo desde siempre sin importarle nuestro desprecio o nuestra negación a su existencia.

Esa identidad que cuando fui adolescente no comprendí, probablemente hasta negué en la búsqueda de ella misma, cuando prefería escuchar ritmos muy ajenos a nuestra realidad o paladear sabores importados, quizás avergonzándome de los colores de nuestros trajes típicos, de la raza de nuestros antepasados o al escuchar hablar los más de cuarenta dialectos con los que todavía hoy se comunican mis coterráneos, la encontré paulatinamente a través de la música cuando tuve el primer contacto, decía al principio, escuchando folklore sudamericano.

Con los años, viviendo fuera de mi país, descubrí que extrañaba terriblemente su paisaje, tan arraigado en mis pupilas, mientras recorría las carreteras de Uruguay, disímil totalmente en su geografía con Guatemala... como distinto es en muchas otras cosas que van desde su visión de la vida hasta la cocina.

Cada país tiene lo propio. Y no es otra cosa más que el conocimiento de ese mismo país, de nuestro terruño o del lugar en donde nos toque vivir, lo que nos hace amar sus raíces -las nuestras o las que adoptamos- las que nos hacen identificarnos con los millones de seres con los que compartimos el tiempo y el espacio en el que vivimos.

Por supuesto, todavía existen circunstancias en mi país que me hacen sentir pena o vergüenza, pero todas ellas tienen que ver con el proceder de los que se dicen "civilizados" y "educados", hombres y mujeres corruptos, desleales y deshonestos, que no saben amar su tierra.

Sin embargo, me siento orgullosa de mis raíces latinoamericanas y cada vez más, hago míos los compases de un corrido, de un tango, de una cumbia o una zamba, tanto, como los de nuestra guarimba. Me encanta comer lo que las personas comunes y corrientes buscan al medio día en las ciudades de América Latina, encontrar similitudes en sus leyendas, en sus pieles, ojos y cabellos y me doy cuenta que, muy tristemente, a pesar de ser muy parecidos, todavía nos falta descubrirnos y aceptarnos, unirnos y trabajar juntos para crecer y fortalecernos.

Probablemente sea una utopía. Pero quizás no. A lo mejor mis nietos puedan vivir la fuerza de América Latina unida, identificada consigo misma, bailando los ritmos que suenan desde el Río Bravo hasta la Tierra del Fuego, mientras todos aprendan a comer chile o a tomar mate. Un maravilloso sueño de raíces profundas, morenas o claras, mezcladas para olvidar las desconfianzas y odios que mentes extrañas han sembrado en nuestro corazón colectivo.

miércoles, agosto 24, 2005


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LO NUESTRO

Durante nuestra niñez, mis hermanas, primos y yo pudimos experimentar la cercanía con el campo y sus encantos debido a que, durante las vacaciones de fin de curso, viajábamos hacia la costa sur de mi país para pasar los dos meses más esperados en nuestras mentes y almas de niños.

Cada fin de año -las vacaciones de clases son de noviembre a enero- gozábamos del maravilloso clima de esa temporada, que es cuando no llueve y la temperatura baja unos cuantos grados en todo nuestro territorio; en Coatepeque, situado en el sur-occidente de Guatemala, se mantiene a unos 28° C durante el medio día, aunque en las madrugadas bien puede bajar hasta unos 12. Mi alegría era doble pues para esos años mi padecimiento de asma mejoraba notoriamente con el cambio de ambiente, ya que la polución en esos parajes es inexistente aún hoy, amén de que la presión de las clases y cumplimiento de horarios desaparecía por completo.

Todos estos componentes abrieron mis ojos mentales hacia cosas que, probablemente, muy pocos niños de la ciudad podían conocer. Fue así como se instalaron en mi memoria los aromas maravillosos de la flor del árbol de la cruz, que crecía a la par de la iglesia; también el de las vainas de tamarindo recién cortadas, allí nomasito al alcance de nuestras manos, mientras sentados sobre el pasto y a la sombra de las enormes ramas, comíamos la pulpa dulce-ácida de la fruta hasta lograr que nuestras lenguas se cortaran. Casi ningún aroma es más fuerte en el recuerdo que el de la tierra mojada, empapada después de un fuerte aguacero de un par de horas y que, al escampar, nos acompañaba en la carrera entusiasta hacia la carretilla de helados que aparecía infaltablemente todas las tardes a eso de las cinco.

Otros recuerdos, como el del ganado volviendo de los potreros para ser guarecido en el toril; el de un coco recién cortado por Pedro, abierto a golpe de machete y bebido con avidez infantil; o el aroma de la flor de corozo, entre dulce y pegajoso.

Los desayunos familiares -típicamente chapines- están presentes también, con su rimero de tortillas de maíz amarillo, pequeñas y suaves, acompañando huevos frescos revueltos, frijoles colados, crema y queso fresco...

Habiendo nacido dentro de la tradición católica, celebrábamos la fiesta de la Virgen de Candelaria el 2 de febrero de cada año. Además de participar un poco a regañadientes en los rituales religiosos, disfrutábamos del baile de la Conquista, una tradición que todavía se vive en algunos lugares de la república aunque no con tanta frecuencia como en aquellos años. Los compases de la marimba, sazonados con el "shic, shic" de los chinchines*, resuenan fuerte en los oídos de mi alma.

Estos y muchos más son los ingredientes que forman parte de mi identidad, la que fui reforzando a través de las verdes y altas montañas, meditando en las orillas de Atitlán, corriendo sobre la arena negra y calentísima de las playas del Pacífico... A pesar de las fuertes influencias foráneas, que han bombardeado nuestras mentes a través de radio, tv y revistas, nada mejor que las vivencias, las experiencias directas atadas a dulces recuerdos para cimentar el amor por lo nuestro.

* maraca o sonaja hecha de un tipo de calabaza pequeña pintada de negro con adornos de colores.

domingo, agosto 14, 2005


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LA CLAVE

No es fácil. Nunca lo ha sido y jamás lo será. Por más que leamos, hablemos, indaguemos, hay algo allí, dentro del pecho que no responde racionalmente. Tenemos el temor a lo desconocido tan metido en la piel, tan arraigado en nuestra mente, tan aferrado "al corazón", de generación en generación saltando con nuestra memoria colectiva, que no logramos erradicarlo.

Curas, brujos, pastores, todos tratan de convencernos que del otro lado nos espera algo mejor, siempre y cuando hayamos sido buenos en éste; pero si nuestra conciencia se remueve incómoda, el temor se hace más grande porque pensamos que a lo mejor no nos va tan bien cuando partamos.

Independientemente de lo que podamos pensar, sentir o creer de nuestro propio paso "al otro lado" - desconocido y envuelto en una tremenda nebulosa- sí podemos identificar lo que sentimos cuando el adiós de un ser amado se aproxima.

Y la lucha entre la razón y la emotividad es constante, permanente, sobre todo si está sufriendo una enfermedad larga o dolorosa, si sus capacidades están limitadas o han desaparecido, si su vida dejó de serlo para transformarse nada más en una existencia dependiente, tal vez sin ninguna respuesta a los estímulos exteriores, una permanencia forzada por los medicamentos, equipo médico y el egoísmo de los parientes.

Sin embargo, existen otros casos. Los que llegan al final sin enfermedad física visible, probablemente sólo el deterioro lógico de la edad. Los que conservan la mente lúcida, que solamente tienen olvidos que primero asombran a los demás pero que después se van aceptando mansamente. Los ancianos que se van apagando, como una vela, momento a momento; los que piensan que ya lo vivieron todo, que su tiempo terminó y sólo esperan el final.

Y aunque el amor debiera ser lo que guiara nuestros días y relación con ellos, a veces la soberbia o egoísmo nos endurece, haciéndonos pretender que nuestros viejos respondan de la misma manera en que solían hacerlo cuando fueron jóvenes, cuando ellos nos enseñaron y formaron para que fuéramos lo que hoy somos.

Tomarles la mano, hablarles calmadamente, detener nuestra prisa diaria y dedicarles unos minutos de conversación, mirarlos a los ojos y sonreír... ¿qué nos detiene? Es justamente lo que ellos están esperando, lo que desean, lo que necesitan. Saber que sus vidas no han transcurrido en vano, que el amor que nos dieron tiene respuesta, que cuando pasen a donde sea que vayan no estarán solos. Que nuestro amor les hará menos difícil el momento, que su recuerdo dulce acompañará nuestros días y noches de desvelo.

El amor es la clave. Y ese amor que hoy les demos, será el mismo que recibiremos cuando llegue nuestro momento.

lunes, agosto 08, 2005


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FUMO O NO FUMO

Empecé a fumar a los 17 años. En aquella época hacerlo era, según nuestra visión, una señal indiscutible de "madurez", de tener mundo, de ser autodeterminadas. Además, nadie nos había dicho que podíamos enfrentarnos, con el tiempo, a unas cuantas complicaciones en la salud y jamás atamos que el cáncer del que fallecían nuestros amigos, parientes y conocidos, podía ser provocado por el cigarro (como les llamamos acá a los cigarrillos).

Mi padre siempre nos contó la historia de cuando mi abuelo le dijo, siendo papá adolescente, que si quería fumar lo hiciera al ganarse sus propios quetzales (nuestra moneda) para comprar su vicio. De esa misma manera lo hice yo: el primer paquete de cigarros lo compré al recibir uno de mis primeros sueldos y me sentí muy satisfecha cuando mi padre me vio encender un Diplomat con mirada entre benevolente y triste, haciéndose de la vista gorda cuando mi pulso tembló mientras su encendedor se acercaba a mi cigarro.

Nunca llegué a comprar un cartón completo (paquete de 20 cajillas), porque mi consumo no pasó de unos 2 ó 3 cigarros a la semana... salvo mientras duró mi exilio, que fumaba dos cajillas diarias, en maravillosa compañía de mis amigos lacacinos. No sabía que estaba en uno de los países considerados como de más alto índice de fumadores pero tampoco me preocupó mucho la noticia cuando la leí en una Selecciones del Reader's de 1982.

Tuve temporadas largas en que mi organismo sencillamente repudiaba el tabaco y me alejaba de él sin mayor esfuerzo. Cuando volvía a la carga era porque había estado en alguna reunión social y entre risas y conversaciones o, tal vez, alguna discusión interesante, alguien me había extendido un cigarro y yo, sin más, lo aceptaba sin pensarlo mucho.

Decidí dejar de fumar cuando noté que a cada cigarro que fumaba, aparecían pequeñísimos derrames en los dedos de mis manos. Y allí empecé a buscar información.

Con el tiempo, haber dejado de fumar me devolvió la agudeza del olfato, los sabores se volvieron fuertes y profundos y el humo de los otros fumadores, compañeros antiguos, empezaron a serme molestos.

De ser una fumadora activa, me convertí en una fumadora pasiva... y no me agrada. Comparto totalmente la idea de que cada quien se mata con su propia mano, pero no acepto morirme por mano de los demás.

Por eso apoyo las leyes antitabaco. Por eso me siento bien cuando me entero que en tal o cual restaurante, cafetería o local de fiestas, no se puede fumar. Me gusta que no se pueda hacer en las oficinas -públicas o privadas-, en los supermercados, farmacias, cines o cualquier otro lugar en donde se reúnan niños y adultos que no desean ver amenazada su salud por el egoísmo y la irresponsabilidad de gente que, como yo hace algunos años, sólo desea satisfacer su gusto inmediato sin preocuparse por su propia salud o la de sus semejantes.

lunes, agosto 01, 2005


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De tanto ver, sentir, oler y escuchar, damos por hecho y por sentado que todo lo que nos rodea, todo lo que experimentamos y enriquece nuestras vidas, existe de la misma manera en cualquier otra parte del mundo. A menos que la curiosidad nos obligue a que analicemos, indaguemos o investiguemos, no podremos aprender que el mundo está rebozante de experiencias para regalarnos y que, así viviéramos mil años, descubriendo una nueva cada día, no nos alcanzaría el tiempo para vivirlas todas.

Hace veinte, treinta o cuarenta años, durante la adolescencia, no podíamos ni imaginar todo el maravilloso mundo que había fuera de las fronteras de nuestros barrios o colonias; cada persona que conocíamos nos parecía fabulosa -salvo algunas tristes excepciones- pero nos impactaba mucho más si llegaba a nuestro círculo alguien con un acento diferente, con ojos azules o cabello color paja.

La música que escuchábamos era la que nos llegaba por las emisoras locales; claro, toda debidamente elegida por el gusto del mandamás de la disquera dominante, por lo que desconocíamos la riqueza que podía haber en los gustos armónicos de otros países que no fueran nuestros vecinos del norte.

Cuando un amigo, pariente o conocido volvía de algún viaje al exterior, escuchábamos embelesados sus cuentos acerca de lo que había visto, comido o escuchado; con toda nuestra imaginación tratábamos de acercarnos a la realidad vivida por el viajero, a sabiendas de que probablemente nunca conoceríamos a ciencia cierta la realidad que nos relataba.

Muy pocas personas sabían que en Uruguay se toma mate, que en Bogotá se come bocadillo beleño -trocitos de queso campesino con dulce de guayaba- o que en Guatemala se comen tamales negros (con salsa dulce de chocolate).

Las modas de estación llegaban a nuestras ciudades siempre con retraso y las películas en el cine ¡ni hablar!

Ésta es una de las maravillas del tiempo que nos ha tocado vivir, a pesar de que ya vivimos más de la mitad de nuestras vidas. La tecnología nos ha permitido acortar distancias, ver con ojos nuevos lo que existe desde siempre, lo que antes sólo imaginábamos ahora lo disfrutamos desde la comodidad de nuestra sala, a colores y con sonido surround.

Si en algún momento nos asalta una duda, no tenemos más que conectarnos a internet y el buscador nos desplaza muchas opciones para aprender y dilucidarla. Las noticias que antes probablemente no llegaban sino por el "boca en boca", ahora ocupan las páginas de casi todos los diarios del mundo, haciéndonos partícipes de la alegría, el terror o la tristeza.

¡Y cuánto más conocerán nuestros hijos o nietos! Como en los sueños de Bocha, probablemente serán colonizadores de otras galaxias y nosotros, desde sus recuerdos -o en otra dimensión- disfrutaremos de cada nueva conquista del maravilloso género humano.

miércoles, julio 27, 2005


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TRES

Esta semana que termina nos trajo buenas noticias. Para nosotros -acostumbrados a valorar la vida en nada después de más de treinta años de guerra, a ver cómo se escurren los días trabajando sin salir de la miseria y llevando a cuestas algunos usos y costumbres que han servido de lastre- los acontecimientos que vivimos en estos días nos alertan y enseñan que ellos pueden marcar la diferencia.

UNO
Alfonso Portillo, el presidente más corrupto en la historia de nuestro país, que entregara el mando a Óscar Berger -el actual presidente- vive en México desde hace más de un año, gozando de las prerrogativas que le otorga su estatus de ex-primer mandatario de un país vecino. Salió huyendo en cuanto los ganadores llegaron al poder y empezaron a "destaparse las ollas" y saltaron de ellas grillos, sapos y culebras. La buena noticia es que una juez ordenó la captura de este bicho. Mientras tanto, el Ministerio Público finaliza el expediente para solicitar a México su extradición y poderlo traer al país para que enfrente la responsabilidad de sus actos delincuenciales. La corrupción es un terrible mal que socava nuestras instituciones y la impudidad es el otro brazo que nos asfixia. A ver si con este paso logramos iniciar el proceso de desintoxicación.
http://www.prensalibre.com/pl/2005/julio/20/index.html

DOS
El actual gobierno está empeñado en cambiar las cosas. Ir más allá del trabajo cosmético y profundizar en los motivos que nos han mantenido en los albores del siglo pasado en lo que a alfabetización se refiere. Deberá atenderse la educación bilingüe en cada región del país (con los diferentes dialectos y lenguas); invertirse en tecnología y ciencia; descentralizarse la educación; y aumentarse el presupuesto del Ministerio, de tal manera que podamos todos -mujeres y hombres, jóvenes y viejos, citadinos y campesinos- tener acceso a la tecnología y a la educación que hagan crecer a nuestro país y logremos salir del agujero en el que hemos estado durante siglos.
http://www.prensalibre.com/pl/2005/julio/22/119364.html

TRES
Hace casi 10 años, 30 familias que formaban el Sindicato Agrícola de Trabajadores Independientes en Génova Costa Cuca, Quetzaltenango, en el occidente de nuestro país, llegaron a una conclusión: debían cambiar su forma de trabajo y con ello sus vidas, pues siendo asalariados simplemente jamás saldrían de la pobreza. De esa cuenta, formaron un comité que hizo gestiones ante los organismos gubernamentales correspondientes para adquirir una finca rural. Dos años después lograron concretar la compra, habiéndose sumado más familias al proyecto, para totalizar 131. Les fue concedido un crédito con 5 años de gracia y un interés del 5% anual sobre saldos a partir del sexto año y concedió un subsidio a cada una de las familias para que pudieran comprar insumos para sus propiedades. Uno de los líderes convenció al grupo de campesinos para que, con una parte de este subsidio, amortizaran la deuda inicial; con otra parte de ese aporte formaron el capital de trabajo con el que adquirieron 10 mil semillas de planta de mango y 28 mil 500 plantas de limón persa (una variedad jugosa y no excesivamente ácida, muy apetecida), para que la producción de ambas frutas se exporte; además, construyeron un puente para cruzar un río que atraviesa la propiedad y adquirieron 15 cabezas de ganado que proveen leche para consumo así como para la elaboración de quesos que venden al menudeo; sembraron maíz para consumo y venta; iniciaron un proyecto de apicultura y también el de riego por microaspersión. Finalmente, al conocer que el Ministerio de Agricultura ofrece incentivos forestales, sembraron 31 hectáreas de árboles. En el área humana, se dividieron el trabajo por comisiones, para que todos participen de la responsabilidad y beneficios del mismo. Cada familia aporta una pequeña cantidad mensual que va a un fondo común para sufragar gastos médicos de la comunidad o, incluso, atender los de decesos de sus miembros. San Benito, una comunidad que está demostrando que querer es poder, está marcando el paso junto con otras de desplazados por la guerra y que actualmente han sido reinsertados a la vida de la nación.

Por supuesto. Es verdad, nos falta muchísimo por andar, pero hemos iniciado el camino. La conciencia ha sido creada y somos muchos los guatemaltecos que sabemos que para crecer, debemos recordar y hacer partícipes a todos los habitantes del país, incluyendo el último rincón de nuestro territorio para compartir la riqueza natural y humana que nos ha sido concedida.

sábado, julio 16, 2005


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LAS RESPUESTAS

Me miro en el espejo en cuanto me levanto de la cama. La piel del rostro, profundamente pálida, me asusta. Las ojeras descomunales, que parecen golpes, no ocultan la desazón de mi mirada. El cabello ondulado y alborotado -quizás lo único agradable que queda- me empequeñece el rostro, del que sobresale la aguileña nariz.

Debajo de la camiseta que uso para dormir, se notan los pechos caídos casi sumidos debajo de los hombros abatidos por el peso de mis dudas y desconcierto. No logro sincronizar la vida con mis creencias.

Apenas doy un paso, abro la ventana y el sol entra a raudales. El calor y la cortina de motitas bajando despacio hasta el piso me roban la atención por un momento... van bajando, suavemente, como plumas minúsculas, hasta que se confunden con el piso antes de posarse. Busco el sol para calentarme, hoy amaneció frío. Y mientras tanto, miro por la ventana. Una mujer joven lleva de la mano a una niña de unos cinco años, que la mira feliz y embelesada. Me sonrío con nostalgia...

Entonces recuerdo a mi padre, alto y grande -más grande en mi memoria de niña- con aquellas manos fuertes, callosas y manchadas de nicotina, que tan bien sabían acariciar como dar golpes. Y cosa extraña, de los golpes no me acuerdo, sólo de mi mano guardada, cubierta y cobijada por la suya, en muchos momentos de mi vida. Recuerdo mi confianza ciega, con los ojos bien cerrados, que sufrió la primera resquebrajadura a mis 18 años, cuando busqué su apoyo para evitar que el resto de la familia hiciera trampa a mi abuelo -pobre viejo- en el resultado de la rifa de un radio que mi hermana púber quería para ella. Yo estaba segura que mi padre daría razón a mi indignación... y se la dio a mi madre. Me pregunté, entonces, si el nexo de la cama era más fuerte que la honestidad y me respondí que en ellos sí lo era. ¡Qué despertar a mi ingenuidad adolescente!

Y ahora, con muchas décadas más de tiempo encima de la espalda, sigo preguntándome lo mismo: ¿la honestidad no tiene peso? ¿Sigue siendo un radio más importante que la verdad y los principios? Parece que sí. Él no está más. Ella sí... y las demás también. Y siguen jugando a la rifa del radio cuyo ganador nunca lo verá porque siempre inventarán otra razón para robárselo.

Camino rodeando la cama, tocándola en su tibieza de amanecida con apenas las puntas de los dedos. Y durante el tiempo que tardo en llegar a la puerta, sigo mirándome reflejada en el espejo, cada segundo más cansada y mustia...

Anoche soñé al pobre viejo de mi abuelo, sí, lo soñé conversando con mi abuela. Ella nunca defraudó mi confianza porque siempre supe de lo que era capaz. No imaginé inocencia en donde no la había, yo conocía muy bien hasta dónde llegaban sus tentáculos. Sí, como un pulpo. Pero también sabía que aunque esos tentáculos te agarraran -o llegaran hasta donde cualquiera que ella buscara se escondiera- te podía sujetar y sofocar un poco, pero nunca pasarían de aquel apretón que era nada más para meterte miedo.

Me veo a mí misma en el espejo como a mi abuela-pulpo, con los brazos largos pero inútiles. Como fuera del agua, asfixiándome entre la putrefacción que me rodea y la inutilidad de mi vida. Ahora me confronto: ¿sirvió de algo desear imponer la honestidad a toda esta gente?

Llego hasta la puerta, doy un paso más y tomo el picaporte. Está tan frío como yo. Honestamente frío. Me pesan los brazos. Me pesan las piernas. Siento que la carne del rostro se me escurre de los huesos. El aire falta a mis pulmones. Jadeo, jadeo... Me doy vuelta tratando de alcanzar la pequeña frazada que usé anoche sobre los pies para ahora poder cubrirme la espalda.

Se me congela el aliento cuando vuelvo a verme, pálida y ojerosa, con los brazos-tentáculos extendidos a lo largo del cuerpo, con un rictus amargo de honestidad fallida. Los ojos fijos me miran vacíos, mientras yo, de pie, siento la carne que termina de deslizarse de los huesos, antes de volverme liviana y etérea, fundiéndome con la claridad que entra por la ventana. Las motitas de luz se posan entonces sobre el charco que fue mi esencia, mientras me libero del dolor y todas mis preguntas obtienen respuestas... que ya no importan.

sábado, julio 02, 2005


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LA IMAGEN... ALGO VITAL

Lo primero que aprendemos cuando queremos vender un producto, sea el que sea, es que debemos promocionarlo bien, hacerlo conocido y, sobre todo, publicitar su imagen; si ésta no es muy buena, entonces deberemos crearle una o modificar la que ya tiene para que vuelva "vender", esto es, trabajar una campaña publicitaria de recordación con el fin de reposicionar la marca cuando ésta ha perdido fuerza.

La religión católica, ese gran producto que su productor (valga la redundancia), la iglesia, viene ofreciendo cada vez más a marchas forzadas, está atravesando por un momento realmente crítico. La experiencia de haber perdido el monopolio del que gozaron siglos atrás no fue suficiente para que se humanizaran y bajaran del pedestal en el que hasta hoy insisten en mantenerse, provocando cada vez más desertores en sus filas.

El producto que la iglesia católica nos ofrece (la religión) y que nos otorgaría el beneficio único de la salvación del alma, ha dejado de ser atractivo para muchos seres humanos de hoy, pues no son suficientes ya sus sacramentos, rituales, el trabajo y entrega de sus ministros y mucho menos el alejamiento y la incongruencia, que cada vez es más evidente, entre lo que predican y practican.

Juan Pablo II era algo así como el beneficio único con el que contaba la iglesia católica para sentirse respaldada, unificada y medianamente asegurada. Vamos a convenir en que fue un personaje excepcional, carismático, brillante y que supo vender su imagen y la de su iglesia de tal manera que, según percibo, está siendo mucho más valioso ahora que cuando estaba vivo, ya casi moribundo apareciendo y desapareciendo por el balcón, para mantener vivo el interés y la fe del mundo católico.

Al morir Karol Wojtila, el más grande líder católico de los últimos siglos, muy probablemente la iglesia se vea disminuida, mucho más, al perder el lazo que hacía que muchas conciencias y mentes se volvieran hacia él, buscando la guía y la fortaleza que necesitaban.

Es entonces que se busca reforzarla haciendo permanecer la imagen de Wojtila como Juan Pablo II, llevándolo a los altares a toda máquina, sacando milagros hasta por debajo de las piedras para que esa magia, ese Poxipol espiritual se mantenga vigente y sirva para evitar el éxodo total.

Por supuesto, también en las sucursales de algunas pequeñas diócesis se revitalizan imágenes de líderes locales caídos en circunstancias violentas, utilizan el recuerdo que puedan albergar los feligreses tanto del ministro perdido como de las experiencias compartidas, propician la beatificación de estos personajes y hacen que ello provoque sentimientos de pertenencia, sin importar lo que pueda no gustar a los fieles de la misma organización.

Nadie recuerda en esos momentos que estos mismos líderes, personas reales de carne y hueso, fueron eso. Que como humanos tenían su lado oscuro también. Que sus obras "buenas" tenían de contrapartida sus equivocaciones y errores, sus sesgos y fanatismos. No eran santos. Fueron, sí, personas comprometidas y entregadas, profesionales en su ramo, ministros leales a su fe, aunque eso no significara, en algunos casos, serlo con sus seguidores.

Estamos por ser testigos del impacto que la publicidad bien manejada puede lograr. Nos venderán santos modernos que brotarán de muchos lugares conocidos o perdidos en las listas de ingresos del Vaticano, para gloria de Dios... o de una de sus ya muchas iglesias esparcidas por este planeta.

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DERECHO A SABER

Comiendo en un restaurante de la ciudad el domingo pasado, vi de lejos a una pareja amiga de hace décadas. Me habría gustado saludarlos y preguntarles por sus familias: la de ella, la de él y la de ambos. Pero no se dieron las circunstancias y me conformé con verlos sonrientes, mientras saludaban a los comensales de una mesa en la parte exterior del lugar.

Si no conocés su historia podrías pensar que es gente normal, que siente y vive como vos o como yo. Pero no es así. Yo conozco su historia.

A finales de los 70's, durante la represión militar, Rita* y yo trabajábamos juntas. Ninguna de las dos teníamos más de 28 años, pero ella ya estaba casada con Nin* y tenían un hijo de un año. Tenía, además, dos hermanos y una sola hermana, Helena*, que era pareja de José*, ambos estudiando la carrera de ingeniería y próximos a cerrar el pénsum.

Los padres de Rita vivían en la misma colonia que mis padres, así que yo conocía muy bien la calle y el entorno de donde fueron sacados una noche entre gritos, patadas y golpes. El pelotón del ejército llegó a su calle y, sin mediar palabra, irrumpieron en su casa y los dos padres angustiados fueron llevados a la fuerza sin que se pudiera saber nunca con certeza el lugar de su destino.

Esa noche, Rita y Nin se enteraron que Helena y José tenían varios días de desaparecidos. Y también supieron que él era perseguido por el ejército, sospechoso de tener vínculos con la guerrilla. Al poco tiempo de desaparecidos sus padres, Rita supo que su hermana y cuñado estaban a salvo en México, que habían logrado huír como tantos otros miles de personas que en esos años dejaron sus existencias acá para salvar sus vidas del otro lado de la frontera.

Durante los meses que siguieron a la desaparición de sus padres, Rita no descansó ni un minuto para tratar de encontrarlos. Recorrió hospitales públicos y privados, puso la denuncia en los juzgados respectivos, habeas corpus mediante, indagó en cárceles y cuarteles, pero nunca fue aceptado por ningún ente del gobierno que ellos tuvieran algo que ver en esta detención. Durante esta primera etapa de búsqueda llegaron a ella muchos rumores: algún detenido en cuarteles o cárceles oficiales o clandestinos, gente que había logrado salir de allí con vida, les contaba que había visto a sus padres, que habían compartido el patio, la celda, los gritos, el dolor o el hambre. En una ocasión le contaron que vieron a su madre subir a un autobús en la ciudad, con aire ausente, llevando una bolsa con verduras; una persona más le contó que sabía que, en algunos centros de detención clandestinos utilizaban a mujeres que habían secuestrado y a las que habían lavado el cerebro, como cocineras y limpiadoras del lugar. Nunca se pudo confirmar ningún dato.

Durante años, Rita se acostó a dormir con la esperanza de que, al despertar al día siguiente, todo hubiera sido un mal sueño. O mientras iba por las calles de nuestra ciudad, buscaba la mirada de sus padres en los rostros de la gente con la que se cruzaba. Si la llamaban por teléfono, esperaba escuchar sus voces del otro lado, pidiéndole que los fueran a buscar... Nunca sucedió nada de esto.

Han pasado 30 años. Rita y Nin son ya abuelos. Y aparentemente, felices. Pero Rita no ha podido cerrar el círculo de la desaparición de sus padres. No pudo llorarlos muertos, siempre los ha llorado con la esperanza de encontrarlos. No tiene un lugar a donde visitar sus restos, no existe una fecha escrita en un obituario... Vive con la desesperación DE NO SABER.

Rita y Nin, como el resto de familias guatemaltecas que vivieron esta terrible experiencia, tienen derecho a conocer la verdad. Esa verdad escurridiza entre los dedos de América Latina, porque la mitad de esas manos tapa las bocas de los que saben o se tapa los oídos para no escuchar la verdad que los pondrá de frente al espejo, que les azotará el rostro y los despertará del sueño de los justos.

*Nombre ficticio

domingo, junio 19, 2005


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COBARDÍA

Cobardía

Más de cincuenta años con la carga. Esa dolorosa y pesada, fétida y filosa, que se estrella día a día en su rostro, que rasga su entraña y el núcleo mismo de su alma.

Y por ese mismo y negro sentimiento, se ha hecho fuerte. Con los pies bien puestos sobre la tierra, con la cara adusta y la mirada fija, penetrante y valiente. Ha recubierto suspiros con gritos, el mínimo asomo de tristeza con rabia penetrante, la melancolía con el razonamiento.

Hasta acá, habiéndoselo preguntado, imaginado y soñado mil veces, no ha logrado encontrar la razón. Y como están las cosas, ya no importa encontrarla. Porque el afán de hacer que la vida marche bien, de mantener la cordura y la alegría en ella han sido infructuosos. Siempre ha chocado con su hipocresía, su mentira y su avaricia. Una avaricia nueva y terrible, porque no es sólo la del dinero y el poder, sino también la de la tranquilidad y la armonía. Ella le ha robado todo: su libertad, su paz interior y la alegría de haber sido como siempre quiso ser y fue, pero no lo es más.

Día a día recibe la bofetada del odio y el desprecio a su origen, disfrazados de recuerdos dolorosos.

Cuando por las noches cierra los ojos al posar la cabeza en la almohada, abandona todo el daño en la puerta del sueño y se entrega al descanso, deseando no volver nunca más -no mientras exista ella- no mientras sus ojos la vean con rencor y odio contenidos, disfrazados de disciplina y orden.

Y por las mañanas, al levantarse y ver su rostro gris en el espejo, se pregunta porqué no tiene el valor de largarse al fin del mundo, a vivir como quiere, como sabe que será feliz: lejos de todo y de todos, olvidando y haciéndose olvidar, llevando nada más el rostro dulce y transparente de su ángel de la guarda.

Alguna noche llevará consigo el odio y el rencor hacia el descanso, para levantarse con el valor de irse para siempre.

sábado, junio 18, 2005


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ANTES Y DESPUÉS

Alguna vez leí que, ante la inminencia del ataque virulento de una gripe, lo mejor era prepararse para dejarse abatir por ella pero consintiéndonos y cuidándonos a nosotros mismos durante el tiempo que durara el proceso. Y eso fue exactamente lo que me decidí a hacer cuando el jueves de la semana anterior, se me hicieron presentes los primeros síntomas. Un leve dolor de cabeza que fue incrementándose acompañado de dolor de espalda, articulaciones y fiebre, me convenció de que no era un resfrío lo que estaba por padecer. Así que tomé 1 gramo de acetaminofén y me fui a dormir, con la esperanza de amanecer mucho mejor.

Al final del día y de la semana laboral, el viernes de noche siempre pinta bien. No esta vez. Para mí, ver llegar las manecillas del reloj a las 6:00 de la tarde me hicieron buscar la salida ávidamente, para llegar a casa a cenar algo frugal y alcanzar la cama para abandonarme a la invasión... A las 8:00 de la noche tenía fiebre, temblaba de frío, me dolía hasta el pelo y quería descansar. Antes de hacerlo, tomé otro gramo de acetaminofén con dos vasos de agua y, cubierta casi hasta la coronilla, traté de dormir. Este proceso se repitió no recuerdo cuántas veces durante el fin de semana, con espacios de lucidez y apetito lo suficientemente largos para poder tomar una ducha o comer algo liviano antes de volver a la cama, aunque no siempre a dormir: pude terminar de leer La Batalla de Trafalgar de Pérez-Reverte, trabajé un poco en el semanario, vi otra vez Thelma y Louise con mi hija y disfruté muchísimo -por enésima vez- de Los Puentes de Madison.

Para el domingo de noche, los síntomas habían cedido en intensidad y había aparecido un par nuevo: la congestión y secresión nasal. A pesar de mi vegetarianismo y ya en el límite de la desesperación, rogué por un caldo de pollo que devoré más con intenciones curativas que gustativas y que hizo alguna diferencia en mi estado gripal... cosa que conseguí, además, engullendo el consabido gramo de acetaminofén cada cuatro horas.

Para el martes, decidí a salir a trabajar y estuve durante la mañana en la oficina atendiendo los asuntos pendientes. Pero para el medio día volvió la fiebre con los dolores de cabeza y extremidades, haciéndome volver a casa y buscar nuevamente la cama, en donde repetí la aventura de la enorme siesta vespertina, de la que desperté mucho mejor y con deseos de una deliciosa taza de té Earl Grey que bebí gustosa, sobre todo porque mis sentidos del olfato y el gusto habían resucitado.

Probablemente piensen que exagero, pero les prometo que es verdad: un estado de gripe tan virulento como éste no lo había experimentado desde hace, quizás, 15 años. Los resfríos y catarros comunes son otra cosa, que se presentan anualmente con sus molestias de dos o tres días y que soporto sin mayores consecuencias. Y es que esta vez se trata de una epidemia que está afectando a muchos habitantes de mi país, pues estamos en nuestra temporada lluviosa y ésta siempre viene acompañada de problemas de salud que afectan el sistema respiratorio o el digestivo. Dicen que ahora se trata de "la gripe africana". Y yo pienso que nuevamente estamos culpando a los pobres africanos de nuestros más grandes males de salud...

¡En fin! Que de ésta no me muero. Pero seguramente quedará grabada en mi memoria como una marca: antes y después de padecer la gripe africana. No se la deseo ni a mi peor enemigo... ¿o sí?

Encontré una página muy interesante con información acerca de la gripe, diferencias con el resfrío común, la vacuna y las preguntas frecuentes acerca del tema.
http://www.infogripe.com/infogripe/home.htm

sábado, junio 11, 2005


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Un David chapín

Esta semana, los noticieros del mundo -sobre todo de temas informáticos- tuvieron en sus encabezados esta noticia, más o menos: "Microsoft robó idea a programador guatemalteco".

Carlos Armando Amado, un programador guatemalteco, patentó en 1990 una idea que permitía enlazar los programas Excel y Access utilizados por Microsoft, a quien intentó vender su idea en 1992; en esa oportunidad, la transnacional no demostró interés (aunque ciertamente, sí le interesó) pero luego incorporó el software, sin autorización de Amado, a varias versiones de Access. El juez sentenció a Microsoft a pagar a Carlos Armando Amado una indemnización de 8,9 millones de dólares por haber usado ilícitamente su programa.

La indemnización de 9 millones de dólares corresponde a un cálculo porcentual de las ganancias percibidas por Microsoft con el software en cuestión, escribe Associated Press. El dictamen establece que Microsoft no infringió la patente inscrita por Amado mientras asistía a la Universidad de Stanford, aduciendo que no fue deliberada su copia (?).

Me pregunto: si esta situación se hubiera dado en algunos países de Latinoamérica... ¿el resultado habría sido el mismo? Me temo que no. Es más, tratándose de un monstruo del tamaño de Microsoft muy probablemente ni siquiera habría llegado a prosperar la demanda. Y es que el poder -en nuestros países, con frecuencia- corrompe, compra voluntades y anula juicios claros.

Son ventajas de los países desarrollados o del primer mundo, que tienen desligados los poderes o, por lo menos, en la mayoría de los casos sucede así. De esta manera, un pequeño David chapín le pegó una pedradita al Goliat de la informática, haciéndole un pequeño abollón de 8,9 millones de dólares que para Bill Gates no significará mucho en materia económica, pero mucho para Amado. Lo que sí es verdad, es que cada vez es más evidente la suciedad y ética inexistente en que este hombre ha "trabajado", ahora que salen a luz sus "travesuras".

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¿Insuperable?

Me fascina pensar de qué manera una misma circunstancia, una misma persona, un mismo instante, afectan de distinta manera a cada persona, tocando su mente y emotividad y enriqueciendo su vida de forma diferente.

Ya ven ustedes, Clint Eatswood es héroe de multitudes. Fue y sigue siendo la imagen a emular en las fantasías de muchos hombres cuando desenfunda su revólver en cualquiera de los roles que ha desarrollado a través de su carrera. Impactó nuestras jóvenes mentes cuando llegó a las pantallas en filmes como Por unos Dólares Más, La Muerte tenía un Precio y Lo Bueno, Lo Malo y Lo Feo, en estos western diferentes a lo que habíamos digerido desde niños, en donde todos los buenos eran limpios, prolijos y arios; y los malos eran los feos y sucios. ¡Clint se hizo inolvidable!

Harry el Sucio y sus secuelas hicieron palpable lo que siempre sospechamos: los policías (tal vez no todos) tienen un comportamiento violento, son rebeldes y si nos descuidamos, hacen justicia por su propia mano. Y Harry hace lo que en muchos momentos nosotros quisiéramos hacer... tal como Bocha nos comenta en su editorial de hoy.

Play Misty for Me fue la primera película suya que recuerdo claramente en detalle. Ya en mis veintes, tenía más conciencia de lo que veía y la locura de Jessica Walter en su obsesión por Clint me alarmó. Mis amigos DJ's de ese tiempo en esta ciudad, también tenían fans...

A través de los años y de la pérdida de su cabellera castaña y de la tersura de su piel, Clint aparecía siempre con nuevos regalos para sus seguidor@s. Sin embargo, el cambio de género, de estilo, de espacio que de verdad me impresionó fue en Los Puentes de Madison, con otra de mis íconos: Merryl Strep. Cuando vi en cartelera que estos dos gigantes compartían créditos, no lo dudé y fui a la sala de cine para disfrutar la película. Y no sólo la disfruté, lo sigo haciendo. La hice una de mis favoritas y el sentimiento que ellos plasmaron en sus imágenes y que me conmovieron en la primera oportunidad en que la vi, sigue moviéndome cada vez que vuelvo a verla. Creo que en esta producción Clint pasó de ser un héroe de varones al ideal maduro de mujeres igualmente maduras...

Sé que las interpretaciones de Clint han sido muchas y fabulosas. Y probablemente muchos de ustedes no estén de acuerdo conmigo, pero ¿qué puedo decir para justificar esta debilidad? Me encantó en Cowboys del Espacio. Probablemente porque en ese filme se asume la madurez -tirando a mucha- de los cuatro fantásticos intérpretes: Tommy Lee Jones, Donald Sutherland, James Garner y el mismo Clint.

El último maravilloso regalo lo tuvimos este año con One Million Dollar Baby, que ya está formando parte de nuestra incipiente filmoteca familiar. No recuerdo haberme sentido más conmovida -¡en años!- como ser humano, como madre, como mujer, como con esta joya. Creía que Mystic River ya era su mejor trabajo como director, pero no fue así.

No sé qué más nos tiene reservado Clint, pero estoy segura que lo próximo a ver, experimentar y vivir, será mejor, mucho mejor. Su calidad interpretativa, su profundidad como director y su extraordinaria calidad humana así nos lo promete. Se superará a sí mismo.

sábado, mayo 21, 2005


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INOCENCIA

Elsa tenía 17 años. Era pequeña, con el cabello negro y liso, dientes blanquísimos y ojos castaños que se esforzaban por ver claramente por la miopía que ella desconocía padecer y que la obligaba a entrecerrarlos para enfocar la vista. Tenía la piel gruesa y oscura, lozana y firme. Los senos pequeños e infantiles contrastaban con el resto de su cuerpo, bien formado y curvilíneo, al que no se le movía ni un miligramo de grasa. Elsa no sabía que era dueña de estos encantos y se dedicaba nada más que a trabajar afanosamente, gustosa de haber encontrado una casa en donde no habían hombres.

Recordaba la vez anterior, un par de años antes, cuando la enviaron sus padres a la ciudad para que trabajara y les enviara dinero; la tía Chabela la ubicó en una linda casa, con gente de pisto. La mujer que vivía allí era una vieja loca que cocinaba unas sopas rarísimas a las que ponía dentro ruedas de grasa que olían rancio y que sabían a comida de chuchos. A veces, cuando estaba sentada en la sala mirando la tele, la mujer parecía perderse dentro de la pantalla, dejar volar el pensamiento por la ventanita de colores... Varias veces Elsa vio aparecer un charco debajo de los pies de la mujer y que se hacía cada vez más grande mientras se inundaba la casa con el fuerte olor a amoniaco. Y luego, cuando llegaba la hija, encontraba a la vieja orinada y abandonada en el sillón, perdida en la pantalla, mientras la gritaba a ella por no haber evitado que se orinara.

El viejo era otra cosa. Ese tenía el cerebro en su lugar. Y aunque no salía ya a ningún lado, recordaba muy bien en dónde dejaba olvidados los anteojos o si tal o cual día debía poner la televisión para ver algún programa que le interesaba. Recordaba bien que había otra mujer trabajando en la casa y no se metía con ella.

A Elsa la contrataron como ayudante de la cocina y la otra mujer era quien se encargaba de la limpieza y del lavado y planchado de la ropa. El viejo lo sabía bien, pero insistía en llamar a Elsa a su dormitorio diciéndole que revisara si había ropa sucia por algún lugar. La primera vez que ella entró a la habitación a buscar la ropa inexistente, sintió algo extraño cuando se agachó para ver debajo de la cama y el viejo se le acercó, mirándola con esos ojos verdes como escupitajo y tan asquerosos como uno. Las manos se le fueron detrás de las nalgas de Elsa cuando ella se levantó del piso... pero la patoja era fuerte y rápida y supo correr fuera del cuarto antes de que el viejo terminara de agarrarla.

Esa noche lloró y lloró durante mucho rato antes de quedarse dormida y por más que la mujer que limpiaba trató de sacarle el motivo de su llanto, permaneció callada. Sólo quería salir de allí.

Cada día que transcurría en esa casa debía secar los orines de la vieja o escapar de las manos largas y sucias del viejo, que siempre insistía en usar el mismo pretexto de la ropa sucia para atraerla a su dormitorio. Eso le molestaba más que la mujer incontinente.

Esperó a que llegara la fecha de pago y aprovechando que al día siguiente le tocaba libre, metió en su pequeña bolsa sus pocas pertenencias y pidió a la tía Chabela que la llevara de vuelta a su casa, de donde partió al día siguiente para la finca en donde vivía su familia. Cuando llegó sin aviso, su madre la recibió temerosa y sólo fue suficiente una mirada para que comprendiera porqué Elsa estaba de vuelta. El padre estaba cosiendo un pantalón en su pequeño taller de sastre y cuando la vio entrar y le preguntó la razón de haber abandonado el trabajo, Elsa empezó a explicarle pero no pudo terminar su historia: él tomó su cabello largo y negro y de una patada la tumbó sobre la mesa de pino que servía de comedor. Allí descargó su rabia pues el dinero que le entregó no le pareció suficiente. Además, estaba bebido...

Así que ahora estaba allí en la ciudad, de nuevo. Se cuidó mucho de llegar a una casa en donde hubieran hombres. Esta casa estaba bien. Tres mujeres y ninguna se quedaba como ausente mientras se orinaba sentada en la sala.

Sin embargo, Elsa no sabía porqué la otra, la que vivía enfrente y las visitaba con frecuencia, la veía con la misma mirada del viejo de los ojos de escupitajo...

sábado, mayo 14, 2005


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CONSUMISMO Y LEALTAD

El 10 de mayo se celebra en Guatemala el Día de la Madre. Es decir, es el día comercial para celebrar un hecho natural, transformándolo en una apotéosis de consumo que lleva a muchas personas a meterse en serios problemas económicos para adquirir bienes y regalarlos a su madre, su pareja, su abuela, tías y cuanta madre tengan cercana.

Nos han llevado al lavado de cerebro general cuando nos ofrecen enormes ofertas para que compremos electrodomésticos que "ayudarán" a las madres a hacer mejor y más rápido su trabajo. Es decir, se piensa que el trabajo principal de las madres es limpiar la casa, lavar la ropa, cocinar... Y tenemos el cinismo de regalar a nuestras madres una lavadora para que no se canse tanto al lavar, una cocina para que la comida salga a tiempo, una licuadora para que las mezclas sean mejor efectuadas. Es verdad que les "alivianamos" la carga, que les simplicamos el trabajo, que les facilitamos la vida... ¿Pero no es eso un hecho que debiera darse espontáneamente, sin presiones de fechas especiales u ofertas excepcionales, porque TODA la familia se verá beneficiada con estas compras?

Las madres también son amigas, amantes, trabajan fuera de la casa y son profesionales en lo que hacen; tienen intereses intelectuales, viven intensamente sus emociones, aman, ríen y son felices o no, independientemente del hecho de tener hijos -propios o adoptados- y probablemente les entusiasme más recibir una flor con amor que una lavadora enorme, blanca y fría para que sea más eficiente en su trabajo doméstico.

El consumismo no nos deja ver con claridad, nos envuelve y arrastra hasta los comercios que inundan los medios con ofertas nunca antes vistas. ¡En fin...!

Este año, como regalo del día de la madre, fuimos invitadas mi madre y yo a un concierto. Ignoro si por el sur del continente se le conoce y sigue como en este hemisferio, pero acá se ha hecho un culto a sus cuatro décadas de interpretación de canciones románticas, habiéndose convertido en un casi participante del inicio de muchísimos romances o en quien, en su voz, trasladó palabras de dolor, desamor, frustración y tristeza cuando los lazos se rompían. El Príncipe de la Canción -como se conoce a José José- a pesar de sus más de 40 años en el medio y de que el daño que provocó en su organismo con el alcohol es más que evidente, nos regaló una noche inolvidable, llena de recuerdos, añoranzas y canciones. Me impresionó el recibimiento del público cuando apareció en el escenario, tal y como sucede en su país natal, México, a través del tiempo y a pesar de sus desaciertos y enfermedad.

Es, probablemente, porque es un caballero, un hombre que se ha dado incondicionalmente a sus fans, porque se preocupa por el prójimo y tiene la cabeza muy bien puesta encima de los hombros y sabe que la gloria es temporal, que no sería nada sin la lealtad, amistad y cariño que ha sabido provocar en los que todavía hoy, muchísimos años después de haberlo escuchado por primera con El Triste, todavía vibramos con su voz y sus canciones.

Una noche inolvidable. Un regalo excepcional. Las madres que lo recibimos, lo agradecemos.

jueves, mayo 05, 2005


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LIBERTAD Y AUTODETERMINACIÓN CON RESPONSABILIDAD

Las situaciones, experiencias y motivaciones de nuestras vidas han ido cambiando. Lo que niños, adolescentes y jóvenes de hoy saben y han experimentado, probablemente no tiene nada qué ver con lo que nosotros -adolescentes de los 50's y 60's- vivimos en nuestro momento.

Allá lejos, en el tiempo, recuerdo que no nos era permitido conversar durante las comidas, jamás participábamos de la conversación de los adultos, si deseábamos salir fuera de casa debíamos cumplir rigurosamente con las condiciones que nos impusieran para darnos el tan ansiado permiso para hacerlo. No teníamos voz ni voto en la elección del barrio en el que viviríamos si nos mudábamos, ni en el establecimiento en donde estudiábamos. Si una amistad no era del gusto de nuestros padres, muy probablemente la presión ejercida para dejarla daría frutos, tarde o temprano.

Difícilmente se hablaba de sexo, la "planificación familiar" era también un tema tabú y los programas en la tele eran importados en latas, sosos y perfectamente planeados y elaborados para que el lavado de cerebro estuviera asegurado.

Las canciones que escuchábamos en este lado del planeta tenían las mismas características de los programas televisivos y las cantábamos como loros sin saber exactamente lo que sus letras decían, a no ser que fueran las que llegaban de México y del Cono Sur. Europa no sonaba en nuestros receptores de transistores y los longplay más sonados en casa eran los mismos que llevábamos a "los repasos", pequeñas reuniones que hacíamos en casa de cualquier miembro de la pandilla, de las tres de la tarde a las nueve de la noche, ¡a más tardar!, en donde todos tomábamos Coca-Cola y nuestra aventura más grande fue aprender a fumar tabaco, aunque los más valientes experimentaron, a escondidas, con marihuana... ¡y eso ya era un horror!

Nuestros padres confiaban en que seríamos buenos estudiantes, pero en el caso de las mujeres privaba el deseo de que seríamos buenas amas de casa y madres amorosas.

Los tiempos han cambiado...

Sin embargo, creo que la esencia de la formación de nuestros hijos sigue siendo la misma. Los principios de responsabilidad, respeto por sí mismo y por los demás, y los valores morales, siguen existiendo. Probablemente lo que ha cambiado sea la conciencia por una mayor y mejor educación para lograr desarrollarse personal y profesionalmente; y que las prioridades de la vida se han diversificado. Las niñas ya no sólo sueñan con ser madres, también se visualizan como ejecutivas importantes, como escritoras, pintoras o profesionales exitosas, teniendo como otra opción dedicarse exclusivamente a formar y atender una familia.

Cada vez más -aunque, desafortunadamente, no todavía en la proporción más saludable- los jóvenes buscan que su pareja sea inteligente e independiente, que sea una compañera con quien compartir esfuerzos profesionales e intelectuales, además de los emocionales y familiares.

Tal y como decía Félix, enseñarles a utilizar responsablemente la libertad y la autodeterminación los hace mejores personas, mejores hombres y mujeres, respetuosos de sus vidas y de las de las personas que les rodean. Los prepara para moldear a sus propios hijos -si los llegasen a tener- y a procurar vidas llenas de satisfacciones y éxitos, viviendo y dejando vivir a los demás para felicidad de todos.

Dedicado a las Mellizas Obes, en su mayoría de edad

lunes, abril 25, 2005


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LAS TRADICIONES SE MODERNIZAN

Me encantan las tradiciones y me gusta más todavía ver de qué manera van evolucionando y cambiando, según las necesidades de los habitantes de las ciudades de Guatemala.

Por algunas inconveniencias familiares de última hora, ayer no fui a hacer las compras semanales usuales y hoy domingo, muy temprano, tuve que salir a buscar pan y tortillas de maíz (nuestras acompañantes favoritas para los tres tiempos de comida) en el barrio que vivo que se ubica al norte de la ciudad y que es de los más antiguos de ella.

Cuando salí pensaba si conseguiría encontrar abiertas, en domingo a las 7:30, estos negocios, así que, aventurando, me lancé a buscarlas.

Llegué a la tortillería en la que usualmente compramos y fue grande mi sorpresa cuando encontré a cuatro de las 10 jovencitas que trabajan "echando" tortillas diariamente, cumpliendo amablemente con su turno. Con la misma eficiencia y habilidad de todos los días, las palmadas acompasadas resonaban más en el silencio de la mañana dominguera, aunque ya habían algunos parroquianos esperando su compra, pues a muchos de nosotros nos gusta llevarla directamente del comal y no de las que están guardadas en el inmenso canasto desde que fueron "sacadas" del comal, quizás un par de horas antes. Mientras esperaba a que se completara mi pedido, me llamó la atención que una de las "patojas" usaba una plancha para hacer más aprisa las tortillas -se trata de un aparatito doméstico que nos permite "echar" tortillas a las que nos sabemos "tortear"- y sonreí porque ellas se ubican entre las fábricas industriales que producen miles de éstas por hora y las tortillerías de barrio, como ésta, pero que todavía no han crecido lo suficiente como para "automatizarse". Salí y me encaminé a buscar una panadería.

Recorrí un par de cuadras y llegué a una de ellas, chica y de barrio, en donde también estaba abierto y ya, prácticamente, a punto de venderse la producción de la madrugada. El propietario, que es también el panadero- atendía cordialemente a sus clientes usuales, entregando el pan en "alegres" bolsas plásticas verdes, en lugar de las tradicionales de papel que han llegado casi al final de sus vidas. Me atendió con rapidez y completé mi compra.

En el camino de regreso a casa pude ver que también estaban abiertos los gimnasios, las farmacias y las tiendas, ofreciendo frutas y verduras en sus puertas, tal como si se tratara de un día laboral de cualquiera.

Ya en esta ciudad mía todos los días son laborales. Y las tradiciones y las necesidades del día a día que nos ha tocado vivir, se han entrelazado para brindarnos satisfacción y servicio a todos nosotros.

sábado, abril 16, 2005


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DESERCIONES

Primera parte del siglo XXI. Desde los últimos 25 años del pasado siglo, en este país -como sé que ha sucedido en otros tantos- la migración de católicos a sectas evangélicas establecidas, mantenidas o inventadas en nuestra sociedad, ha sido de cientos de miles. Sin contar las diferentes sectas orientales y nativas, descendientes de los mayas.

Los factores que han incidido en esta deserción pueden ser muchas: curiosidad por conocer otros ritos, conveniencia económica -en el caso de algunas iglesias evangélicas, que ayudan a sus miembros concediéndoles oportunidades de trabajo y crecimiento económico-, decepción, experiencias negativas, en fin, muchas otras a listar. Sin embargo, creo que había un nexo, una situación que hacía que los aún católicos se mantuvieran unidos, además de la fe que, en muchos casos, debemos reconocer, no es todo lo fuerte que la Iglesia quisiera. Y esa circunstancia, absoluta y clara, era el extraordinario liderazgo y la mística que emanaba de la personalidad de Karol Wojtyla. Algo así como sentirse orgullosos de pertenecer a una iglesia liderada por un ser especial, con el que no cuenta ni había contado ninguna otra secta o religión en la historia moderna del planeta. Puede ser que su muerte se convierta en otro motivo de deserción para los católicos actuales.

Si el próximo papado sigue la línea de Juan Pablo II, muy probablemente no habrán cambios beneficiosos para los desposeídos del planeta, pero si cuenta con un líder que la mantenga unida, esto será irrelevante. Si no lo consigue, será evidente que es una iglesia elitista, incoherente entre lo que dice cada domingo desde los altares y púlpitos, y lo que realmente hace. Incongruente, además, con la enorme población femenina urgida de lograr respeto y oportunidades de vivir mejor, cuando se le insta a mantener un comportamiento de obediencia a los varones de sus familias, se le prohíbe decidir sobre su maternidad y su propia vida, coartando su deseo de libertad y autodeterminación.

Los diferentes pueblos del mundo viven una relación inversa entre su desarrollo y el poder que las religiones ejercen sobre ellos. Pero en esta franja de tierra que habitamos todavía son importantes para muchas personas que creen a pie juntillas en lo que sus guías espirituales plantean; es verdad que los medios de comunicación abren ojos y oídos -y claro, mentes- a otras verdades, como que cada vez es más usual encontrar personas practicando ritos simbióticos entre el catolicismo y las religiones mayas.

Modernizarse, probablemente, sea el verbo que se necesite llevar a la práctica. Enfrentar con valentía los cambios por los que la raza humana ha atravesado; trabajar en la apertura de criterios con relación a la sexualidad, el control de la natalidad y eliminar el manoseado y mal llevado celibato, un estilo de vida de mentira, madre de muchos males hacia adentro y hacia afuera de su propia estructura. Si el próximo papa no humaniza y flexibiliza su administración y guía, creo sinceramente que estaremos siendo testigos del principio del fin de este imperio.

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CAMBIOS

Cambios

En este país "en vías de desarrollo", somos dueños de una tradición católica muy fuerte, en donde ésta pesa no sólo para el espíritu sino también para las chequeras y cuentas de banco de muchas personas que viven del turismo. Y me atrevo a decir que, tomando conciencia de este "pequeño e irrelevante" detalle, en los últimos años se ha notado una preocupación transformada en ocupación -esto es lo ideal- para hacer que nuestros visitantes se lleven una buena imagen de nuestra mejor temporada turística anual: la Semana Santa. Se reportan millones de dólares de ingresos y eso es bueno para el país, aunque también debo reconocer que las prácticas no cristianas venidas de las creencias mayas están haciéndose presentes en este ámbito. Entonces pienso que más que fe en Dios y sus intermediarios, es fe en los bolsillos de los turistas.

Veamos un poco de historia reciente. Hasta hace unos años, la proporción de católicos era muy superior en número y los curas entraban en las vidas de sus fieles sin oposición de ningún tipo. ¡Y hasta la cocina, literalmente y en sentido figurado!

Los sacerdotes católicos que practicaban la Teología de la Liberación tuvieron un enorme ascendente sobre los grupos de indígenas que sufrían persecución por parte del ejército en el interior del país durante los años de guerra. Algunos jesuitas, maryknolls y monjas de la Sagrada Familia, todas estas órdenes manejando colegios privados para niños y niñas de la clase media, se dieron a la tarea de abrir las conciencias de estos a la realidad dura y cruel de la población guatemalteca, sobre todo la rural. Grupos de adolescentes fueron involucrados en programas que encararon la miseria de todo orden, habiendo en algunos casos desembocado en el enlistado de algunos de ellos en las filas de la guerrilla guatemalteca. Lejos quedaron los primeros pasos de evangelización y alfabetización, cuando la realidad golpeó los rostros de religiosos y sus pupilos, provocando cientos de muertes violentas que no lograron jamás que las condiciones de vida cambiaran para la población indígena, sino hasta después de la firma de la paz "firme y duradera", cuando los diferentes puntos de ese compromiso se empezaron a llevar a cabo, aunque hasta el momento continúen las abismales diferencias entre los pocos con mucho y los muchos con poco... o nada.

Sin embargo, las diferentes iglesias evangélicas han proliferado, sobre todo después de 1982, cuando el general Efraín Ríos Montt, no contento con tener un hermano que llegó a ser obispo en la curia católica -por aquello de que "militar y cura, comida segura"- se embarcó en una aventura que le dio todavía más poder: fue nombrado ministro de la Iglesia El Verbo y unido a su poder político, provocó una fuga de católicos hacia esa iglesia y premió su "encuentro con el Señor" al otorgarles puestos de trabajo en la burocracia gubernamental. O eras "hermano" o no trabajabas.

Aparece en escena Jorge Serrano Elías, nombrado por Ríos Montt como vice-presidente del Consejo de Estado de su gobierno de facto; posteriormente fue electo presidente de la república en 1991. En algún momento se dijo que se desligó de la Iglesia El Verbo para fundar en Guatemala la Iglesia Elim. Por supuesto, la migración continuó.

A partir de allí, el porcentaje de hermanos separados -como les llamaba la Iglesia Católica en los 60's, ahora no sé cómo les llamarán- ha aumentado ostensiblemente en mi país. Las distintas sectas -evangélicos, pentecostales, luteranos, anglicanos, sabatistas, testigos de Jehová y por supuesto también la iglesia del coreano Moon y no sé cuántas más- han trabajado arduamente para sumar fieles a sus causas, teniendo un templo en cada barrio, tanto o más que las antiguas iglesias católicas. Por supuesto, las diferencias entre los templos de aquellas y ésta son abismales, ya que los templos católicos siempre han sido edificados pensando en el lujo y la pompa más que en prestar a sus fieles atención y cuidado.

Muchos programas de crecimiento y desarrollo se coordinan y mantienen a través de estas iglesias, claro que patrocinadas por los diezmos que sus miembros entregan rigurosamente a sus congregaciones. En el caso de la Iglesia Católica no es igual. Cada vez menos fieles asisten a sus actividades y ritos, no poseen la misma disciplina de diezmar como en las otras iglesias y la actitud de la mayoría de miembros de la curia, de aislamiento y superioridad sumado a los escándalos de todos conocidos, están socavando sus bases y sus templos.

Si la Iglesia Católica no pone manos a la obra para cambiar su actitud, por modernizarse y trabajar real y sinceramente para guiar y ayudar a sus fieles, creo que cada vez perderá más y más presencia. No deben seguir creyéndose propietarios de las vidas y voluntades de la humanidad.

Los ojos del mundo están puestos en la famosa chimenea del Vaticano. En este lado del planeta los católicos esperan que salga humo blanco y que el nombre del nuevo Papa sea el de un latinoamericano. Me pregunto: ¿eso hará alguna diferencia?

miércoles, marzo 30, 2005


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LAS TRADICIONES Y LA TECNOLOGÍA

Esta temporada del año, nuestro pequeño verano cálido, siempre viene cargado de cosas maravillosas. La ciudad se viste de colores con los árboles en flor, pintando de lila las jacarandas, los cercos de buganvilias con los tradicionales rojo, fucsia y blanco, además de los nuevos colores salidos de las manos de los jardineros que han hecho maravillas con los injertos y han conseguido toda una paleta de tonos, así como de tamaños y formas.

Los días soleados pero brumosos, cálidos y secos, que nos hacen pensar en buscar las playas negras de arena volcánica de nuestro litoral en el Pacífico, sobre todo, o de nuestros lagos y ríos, se entrelazan con el deseo de permanecer en la ciudad para disfrutar de las antiguas tradiciones religiosas, así como de las que son conservadas en las cocinas guatemaltecas.

Si durante la Semana Santa nos decidimos a permanecer en la ciudad en que vivimos, muy probablemente tendremos que sufrir los congestionamientos de tránsito provocados por las procesiones que salen de muchas iglesias católicas, ubicadas en el Centro Histórico de la capital o en los barrios más antiguos y llenos de leyendas del resto de nuestro país. En el trazo del recorrido de cada una de ellas, los vecinos se darán a la tarea de elaborar vistosas alfombras con aserrín de colores, flores, frutas y muchos otros ingredientes, así como adornarán los balcones de las casas antañonas con ramos de flores y palmas, moños de satín o papel en cualquier tono de morado, lila, amarillo y blanco.

Sin embargo, si se sufre de desesperación porque se ha encontrado con uno de estos embotellamientos, será porque no tomó la precaución de investigar en los periódicos, radios o en internet cuáles serían los recorridos de cada una de las procesiones, así como los días y horas en que se llevarán a cabo. La tradición católica, que es uno de los pilares más importantes para el atractivo turístico de nuestro país en el extranjero, ha debido modernizarse de esta manera dándose cuenta que esto le reporta muchos más beneficios para su desarrollo.

Para las procesiones existen algunas "andas" (en las procesiones más antiguas e importantes) que cuentan hasta con 220 brazos (esto es, 220 cargadores para la plataforma en la que se efectúa la decoración anual, cada iglesia con la propia y en la que se colocan las imágenes de Jesús, María, María Magdalena, Juan, ángeles y demás acompañantes) y cada brazo tendrá un turno, que significa que recorrerá una distancia que puede variar por una, dos, tres cuadras; estos turnos, claro está, tienen un valor en metálico que ingresa directamente a las cajas de cada iglesia o hermandad. Cada procesión es acompañada por los "cucuruchos", los cargadores de ella, que van uniformados con sus trajes tradicionales en morado lila o negro. Dependerá de qué procesión carguen para usar el uniforme adecuado. Los fieles o simplemente los que gustan de admirarlas, se colocan en las aceras de lado y lado de la calle, por todo el recorrido, para ver pasar las diferentes andas de cada procesión, que también van acompañadas de la banda de música sacra, los inciensarios, flores y demás integrantes del desfile. También las hay que llevan "soldados romanos". Muchas personas estarán filmando y grabando -música sacra incluída- cada procesión, con la tecnología más avanzada del mercado.

Sin embargo, en nuestra familia no acostumbramos salir a ver procesiones. Siendo enemigos de las aglomeraciones y riesgos que hacerlo implica, decidimos quedarnos en casa, disfrutando del descanso y cuidando nuestras pocas pero muy queridas posesiones. De tal manera, que pensar en qué comeremos resulta de lo más lógico. Así que, nuevamente, vuelven las tradiciones a hacerse presentes, haciéndonos buscar -como millones de guatemaltecos- todos los ingredientes que se transformarán en el bacalao a la Vizcaína o con verduras, los jocotes de corona en dulce, los garbanzos en dulce, las torrejas y muchas otras delicias que llenan nuestros estómagos pero también nuestras mentes y corazones de lindas nostalgias.

Este año decidimos poner manos a la obra en casa y mi madre y yo entramos a la cocina ayer por la tarde para hacer los garbanzos con panela o rapadura, que no es otra cosa que el azúcar sin terminar de procesar, todavía morena, con ese maravilloso sabor de caña. Éste sería el postre.

Esta mañana serví de asistente a mi madre para preparar el bacalao a la Vizcaína (ese pescado que a Bocha no le gusta), que ella cocinó durante décadas para delicia de mi padre y que aprendió de su abuela, mi bisabuela Mita, cuando todo se hacía manualmente sin contar con los auxilios del procesador de alimentos, la licuadora o el horno de micro-ondas. Ahora, de la mano con la tecnología, es mucho más fácil la vida al cocinar, pero el resultado sigue siendo el mismo maravilloso y delicioso sabor de cada plato elaborado con amor y dedicación, para que nuestras tradiciones perduren, de generación en generación.

¡Felices Pascuas de Resurrección para todos!

http://www.geocities.com/miltonamado/photo.htm
http://www.mayaexplor.com/pages/antigua%20procesion.html
http://www.prensalibre.com/suplementos/RYS/ssanta/procesiones/1.htm
http://www.guate360.com/blog/

lunes, marzo 21, 2005


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Una piedra en el zapato

La quincena que recién termina estuvo sazonada por acontecimientos violentos en toda la República. Con una llegada derrapada y tardía previa a la ratificación del Tratado de Libre Comercio entre Centro América y República Dominicana con Estados Unidos, algunas organizaciones sindicales y campesinas organizaron manifestaciones de repudio en contra del TLC, las que iniciaron el martes 8 de marzo y se prolongaron hasta esta semana. En el interior del país se bloquearon carreteras, como medidas de hecho, y en la ciudad capital hubo marchas -a las que fueron otorgados los permisos correspondientes que marca la ley- que ya en la práctica se transformaron en turbas feroces que se enfrentaron a la policía, en un frenesí de violencia y desorden. En el departamento de Huehuetenango, después de un encuentro violento, hubo dos campesinos fallecidos y algunos heridos de ambos lados.

En la ciudad, la primera manifestación se llevó a cabo frente al Congreso de la República, el martes 8, en donde los diputados estarían sesionando para firmar la ratificación. Los manifestantes trataron de ingresar por la fuerza al Palacio Legislativo, pero las fuerzas policiacas lograron vedarles el ingreso. En su recorrido por el centro histórico de la ciudad, quemaron llantas y las mismas barricadas plásticas que la Policía Nacional había colocado en las calles aledañas al Congreso.

En el correr de los días, las manifestaciones siempre se transformaron en desórdenes. El Centro Histórico siguió siendo escenario de trifulcas entre turbas que agredieron a los policías con piedras y bombas molotov, y estos respondieron con bombas lacrimógenas y agua teñida de azul, que sirvió para efectuar arrestos de los dirigentes sindicales partícipes en los hechos y que firmaron como responsables de la manifestación en el momento de hacer la petición a Gobernación Departamental.

Cuando se acercaba la fecha para la ratificación, el cardenal católico Quezada Toruño dio declaraciones a la prensa nacional, en donde invitaba a los católicos a oponerse al TLC, pues traería más miseria a los guatemaltecos y se perderían fuentes de trabajo. A finales de la semana pasada, viendo que la situación se estaba volviendo incontrolable, declaró que el gobierno había presentado mecanismos para evitar efectos negativos para los guatemaltecos; así que sus declaraciones anteriores, irresponsables y azuzadoras a todas luces, quisieron ser cubiertas con estas últimas a pesar de que ya en los púlpitos de las iglesias, desde muchas semanas antes, se "invitó" a protestar en contra de la ratificación. Finalmente, Quezada Toruño se ofreció para mediar entre el gobierno y los líderes campesinos, indígenas y sindicales, para lograr un acuerdo. Sin embargo, a finales de esta semana, la postura de los grupos sociales se endureció, llegando al rompimiento del diálogo.

Por otro lado, la coordinación y ejecución de los disturbios fueron muy similares a los que se dieron el famoso "jueves negro" -24 de julio de 2004- y por el que están siendo juzgados dirigentes del Frente Republicano Guatemalteco, partido que tuvo el poder en el gobierno pasado y que ha sido reconocido como el más corrupto de todos los gobiernos que hemos tenido en este país; se incluye a Efraín Ríos Montt, quien también ha sido requerido por genocidio en España.

Un último ingrediente se ha sumado a los análisis de los disturbios y es la probable participación de uniones o sindicatos de trabajadores norteamericanos que están propiciando que nuestras organizaciones sindicales presionen para evitar lo inevitable: el Tratado ya se firmó, se ratificó, fue publicado en el Diario Oficial y ahora se deberá empezar a trabajar para bienestar de la mayoría.

Algunos periodistas efectuaron entrevistas a manifestantes tanto en la ciudad capital como en el interior, preguntándoles porqué estaban en contra del TLC. Las respuestas fueron contundentes: todos dijeron temer que hubiera más pobreza, pero ninguno de ellos supo siquiera de lo que se trataba el Tratado. Algunos, incluso, dijeron que no sabían porqué estaban manifestando, que ellos sólo habían sido llevados -o traídos a la capital- por los líderes campesinos o sindicales, pero en la más absoluta ignorancia. Y esa ha sido la historia de nuestro pueblo.

No hay verdad absoluta. El Tratado puede ser beneficioso para unos y para otros, o puede no serlo. En mucho dependerá de nuestra disposición y preparación para enfrentar el reto que conlleva entrar al mundo industrializado y competitivo. Nosotros deberemos trabajar todavía más, porque la mayoría de guatemaltecos no han tenido la educación y formación académica necesaria para lograr un mejor nivel de producción. Nuestros industriales y empresarios están dispuestos a trabajar tesoneramente por lograr el éxito en esta empresa y el gobierno está totalmente comprometido con ello. La pregunta es: ¿estarán dispuestos a compartir las ganancias y mejoras con equidad? Guatemala necesita fuentes de trabajo, necesitamos que nuestra gente tenga acceso a la educación, la salud, a mejorar su nivel de vida y creer que existe un mundo mejor. Hasta hoy, todas estas posibilidades han sido vedadas por omisión, falta de interés o políticas definidas. Y nuestra realidad debe cambiar. Lo merecemos todos.

sábado, marzo 12, 2005


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Día de la mujer

Celebrar el día de la mujer no nos hace mejores, ni peores no celebrarlo. Como lo siento y percibo, es como un llamado para tomar conciencia de que no sólo existimos, sino que debemos vivir nuestra propia y muy personal vida a nuestra manera, con los ingredientes que queramos ponerle para aderezarla y disfrutarla con los seres que elijamos o con los que la vida nos dio para rodearnos. Sin imposiciones. Sin esclavitud de ningún tipo. Con libertad. Con oportunidades.

El Día de la Mujer fue creado para reconocer nuestro derecho a vivir mejor, para reividincar nuestro género y con ello, abrir el espacio que millones de nosotras ha necesitado durante milenios para reconquistar nuestro valor y nuestro espacio.

No sólo se trata de que los demás nos valoren, reconozcan nuestro esfuerzo, aplaudan nuestro trabajo, feliciten nuestros logros. Se trata de crecer nosotras, de reconocernos y felicitarnos a nosotras mismas, de concientizarnos de nuestra naturaleza, de nuestras necesidades y anhelos y tomar acción para alcanzar nuestros sueños y nuestras metas. Se trata de estar unidas como género, de crear vínculos fuertes y ser solidarias de los logros de cada una, de celebrarlos y generar cambios y mejorías para todas.

Si hemos logrado crecer individualmente, entonces nos tocará dar la mano, abrir la puerta, guiar y enseñar a la que no sabe, a la que no se atreve, a la que sufre por temor, ignorancia o abandono. No enseñándole a odiar a los demás, sino a amarse a sí misma, que en el reencuentro con su propia naturaleza, en ese autodescubrimiento maravilloso, estarán las bases del cambio. El respeto a sí misma que se transformará en la exigencia a los demás por el mismo respeto; el autoconocimiento pleno de su cuerpo, mente y alma que la llevará por caminos antes nunca conocidos o, tal vez, tímidamente recorridos, pero que ahora andará con paso firme y con el rostro al sol.

Ser mujeres y estar conscientes de nuestra naturaleza le da sentido a nuestra vida, pues en nuestra femineidad está la prolongación de nuestra especie, en nuestra maternidad el cuidado del semillero de la humanidad, y en nuestra fuerza e intuición la guía de nuestro futuro. Y nada haremos con palabras, que a éstas se las lleva el viento. Nuestros descendientes serán mejores mirándose en nuestro espejo, aquel que les devuelva una imagen digna y luchadora, un ejemplo que los arrastre a hacer que esta raza nuestra sea mejor, que salga de su encierro y que, después de conquistarse a sí misma, conquiste otros mundos y otras galaxias.

Celebrar este día y llamarnos "la mejor mujer del mundo", no cambiará nada. No exorcizará el sufrimiento, no aliviará el dolor, no evitará las lágrimas. Nada lo hará. Este día es sólo una luz de alerta para que no olvidemos que tenemos la obligación de levantarnos y caminar erguidas. Será maravilloso llegar al final del camino habiendo sido faro y no el pañuelo que enjugó las lágrimas de nuestra autocompasión silenciosa.

domingo, marzo 06, 2005


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Lucha... ¿contra qué?

Cuando se ha tenido todo, se ha vivido en la opulencia, se ha malbaratado la vida sin tomar conciencia real de lo que es el mundo, allá afuera... ¿cómo se va a tener sensibilidad para situarse en los pies del que padece, del que se conforma con dormir teniendo por colchón el piso, del que come residuos porque no tiene otra cosa?

Cuando se ha vivido pensando que las vacaciones deben gozarse en balnearios de lujo -llámense Miami, Punta del Este, Acapulco o lo que sea- y no quedarse en casa, sin madrugar, compartiendo el tiempo y calma con la familia porque no se puede tener más, parece una grosería que las personas felices se aglomeren para ver fuegos artificiales que iluminan el cielo y la esperanza del pueblo que padece y carece de lo básico, llamando a este acto demagogia barata.

En acontecimientos importantes que deberían de llenar de orgullo a todos como el recién ganado Oscar por Drexler por su bellísima canción "Al Otro Lado del Río", suele pensarse -¡con horror!- que fue hecha para una película del Che, "engendro del mal", pero eso se perdona porque fue el espectacular Antonio Banderas quien la interpretó.

Por supuesto, claro que sí, el problema siempre ha sido de lucha de clases. Desde los descendientes de los franceses invasores y los de Benito Juárez en México, pasando por el grupito de criollos adinerados y los millones de indígenas desplazados de Centro América (menos en Costa Rica, en donde muchas personas se sienten orgullosas de no tener indígenas en el país y llaman con desprecio "indios" a los guatemaltecos), hasta la América del Sur elegante y europeizada del sur-sur, en donde se da vuelta la cara para no ver la miseria, siempre se ha tratado de discriminación racial, social o de creencias religiosas.

Es lucha de clases, sí, porque la "clase alta" se olvida que aquella indígena que está sentada en la orilla de la calle, alimentando a su pequeño hijo, es una madre con sentimientos profundos y desgarradores como los que también tienen sus damas de sociedad, a pesar de que se horrorizan al ver amamantar a los bebés en público, probablemente porque las madres de estos niños no tienen ningún otro alimento que darles y para ellas eso de las apariencias es simplemente irrelevante, si no inexistente.

El pueblo, las personas de a pie, la gente de cada país, es su sangre. Es su identidad, su fuerza, su coraje. Y su grito de guerra diario, para enfrentar la vida con sus carencias o pocas oportunidades, se sazona con mariachis, marimba, cumbia, murga o tango, melodías que cuentan cada experiencia -triste o feliz- a su muy particular manera y que no debería ser menospreciada o vista con la repugnancia de los que quisieran ser otra cosa, no lo que son. Cada cual vive su propia necesidad y su propio esfuerzo con el sentimiento que sube desde las calles que pisa, hasta la boca que recibe los alimentos propios de su lugar: tacos, tamales, mondongo, ñoquis o asado. No se puede abstraer la realidad de un país de sus propios habitantes, los que son motor de la vida diaria, sólo porque se considera que son mersas, chusma o nacos. Aún siendo de condición humilde, con otro tipo de educación o modales, son seres humanos en su más pura expresión: la que no conoce cirugías plásticas para estirar las arrugas de la cara y del alma, o liposucción del vientre y de la conciencia.

Gente que vive a su manera, muchas veces la única que puede encontrar, pero que siente de verdad lo que su entorno le ofrece. Que se rasga el alma por un amor, que lucha cuerpo a cuerpo con la vida para sacar adelante a su familia a pesar de que todo pareciera estar en contra, que vive intensa y apasionadamente, lo malo y lo bueno. Esta también es una lucha, mejor que la de clases.

Por supuesto, cada pueblo tiene el gobierno QUE ELIGE Y QUE TOLERA. Y de la misma manera que todos los pueblos hemos cometido errores y horrores con los gobernantes que llevamos hasta el pináculo del poder, en algún momento de iluminación se busca a aquellos que, se tiene la esperanza, lograrán que todos los que son, tengan para vivir honrosamente, con dignidad, salud y trabajo. No se trata de regalarle nada a nadie o de hacer que aquel que no trabaja tenga tanto como el que se esfuerza. Sino todo lo contrario: que cada cual tenga de acuerdo a su propio arrojo y por el resultado de la labor cumplida.

Llegó el momento de sentirse orgullosos, uruguayos, de haber tomado acción para cambiar las cosas. Y si en algún momento alguien olvidara cuál es el camino que han emprendido, grítenle a voz en cuello que quieren legarles a sus hijos un país digno, honrado y futurista; un país que ha olvidado las luchas de clase y enterrado los complejos de superioridad, para vivir un mañana feliz, cada vez más real y cercano.