lunes, julio 05, 2004

Misma vida, misma muerte

Viviendo así, a dos manos, en dos mundos paralelos y totalmente diferentes en cuanto a raíces y costumbres, teniendo el contacto permanente con los dos hemisferios latinoamericanos, es como más fácil darse cuenta que, a pesar de las inmensas y enormes diferencias, nos unen y hacen solidarios en nuestro diario vivir los ingredientes de esta materia prima de la que estamos hechos unos y otros y que nos caracterizan como seres pensantes y dueños de nuestro libre albedrío.

Ahora que allá, en el lejano sur están atravesando por la experiencia de las elecciones y que he podido profundizar un poco más en los gustos e inclinaciones de muchos uruguayos en cuanto a la corriente política a seguir, he identificado algunas reacciones que también nosotros, vivientes en el istmo y al calor permanente y eterno de nuestra tierra, también tenemos.

A la emotividad de los discursos políticos y con la necesidad de creer en alguien, nos hemos dejado llevar por el que hable más y mejor; por el que nos diga lo que queremos oír, aunque eso no signifique lo más conveniente para nuestra patria. "Se han juntado el hambre con las ganas de comer" y así, muchos hemos dado nuestra mano y nuestra confianza a algunos políticos astutos y avezados, que jurando hacer cambios estructurales en nuestra nación, no han pasado de hacer cambios de cuenta a los fondos del Estado.

Es imperante la necesidad de abrirnos el corazón y la mente para voltear las cosas y tal y como decía una canción de hace décadas, "el que no cambia todo, no cambia nada". Tal vez si nos cayera una epidemia de políticus vistus, políticus muertus podríamos salir adelante, haciendo que gente brillante, limpia de mente y manos pudiera trabajar en estos cambios, pero esos milagros ya no existen, desafortunadamente.

Es muy difícil creer en algo etéreo e intangible cuando se tiene el estómago vacío, cuando las fuerzas flaquean y se escucha llorar a nuestros hijos en un rincón de la casa; algunas fuerzas políticas hacen caso omiso de esta realidad pero tienen la suficiente verborragia para convencernos de sus "sanas" intenciones, pero las cosas no cambian. Sumemos a la pobreza la ignorancia -la falta de instrucción y conocimientos- y el cocktail está casi listo. Sólo falta el temor al cambio para completar la receta y así se repetirá la misma historia de décadas de explotación e impunidad.

Creo sinceramente que lo que falta en algunos de nosotros es la valentía de encarar la realidad que vivimos y trabajar por modificarla. Dejar a un lado nuestra tradición familiar de siempre, la que nos hace permanecer dentro de nuestra cómoda y confortable caparazón pero que, finalmente, nos tiene condenados a la muerte lenta porque todo cambia y quien no se sube al tren del cambio, se queda parado a la vera de las líneas, viendo pasar la vida.

Ya sea una corriente política de siempre o una novedosa, lo importante es que nos brinde la oportunidad de cambiar. Por nuestro bien y el de nuestras patrias. Para no vivir la misma vida, ni morir la misma muerte.

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